«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.» — Juan 14:6
Todos aman a Jesús. En serio. Todos.
Los cristianos lo adoran como Dios. Los musulmanes lo honran como profeta. Los judíos reconocen su influencia histórica. Los ateos respetan su ética. Los filósofos estudian sus enseñanzas. Gandhi lo admiraba. Hasta los que rechazan la religión suelen decir: «Jesús estuvo bien; el problema son sus seguidores.»
Buen maestro. Gran líder. Revolucionario social. Ejemplo moral.
¿Pero es eso suficiente?
Las declaraciones que nadie quiere enfrentar
Jesús dijo cosas que un «buen maestro» no diría. No cosas sabias o edificantes — cosas absolutas, exclusivas, que exigen una respuesta.
«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.»
Un buen maestro diría: «He encontrado un camino.» Jesús dijo: «YO SOY el camino.»
«Antes que Abraham fuese, yo soy.»
Se estaba identificando con el nombre que Dios le reveló a Moisés en la zarza ardiente. Los que lo escucharon entendieron perfectamente — e intentaron matarlo.
«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»
No dijo «si me escuchan, entenderán al Padre». Dijo que verlo a él era ver a Dios.
Un buen maestro no habla así. Un profeta no habla así. Solo alguien que cree ser Dios habla así — o alguien que está delirando.
El problema de la opción cómoda
La posición más cómoda es la del «buen maestro». Puedes tomar las enseñanzas de Jesús que te gustan (ama a tu prójimo, no juzgues, cuida a los pobres) y desechar las que te incomodan (yo soy Dios, nadie llega al Padre sino por mí, si no comen mi carne no tienen vida).
Es un Jesús a la carta. Selecciona lo que resuena contigo, ignora lo que no.
El problema: ese Jesús no existió. El Jesús de los Evangelios no te da esa opción. Sus declaraciones más radicales están entrelazadas con sus enseñanzas más hermosas. No puedes separar al «maestro moral» del «hombre que afirmó ser Dios».
La pregunta que no puedes esquivar
Entonces quedan las opciones. Y no son cómodas.
Si Jesús sabía que no era Dios y lo dijo de todos modos, era un mentiroso. Y un mentiroso no es un «buen maestro».
Si Jesús creía sinceramente que era Dios y no lo era, estaba delirando. Y un hombre delirante no es un «gran líder moral».
Si Jesús era lo que dijo ser... eso cambia todo.
No estoy pidiendo que tomes una decisión ahora. Estoy pidiendo que dejes de esquivar la pregunta. Porque «buen maestro» no es una respuesta — es una forma de no responder.
Lo que está en juego
Si Jesús es solo un maestro, puedes admirarlo desde la distancia. Tomar lo que te sirve. Dejarlo cuando no te convenga.
Si Jesús es quien dijo ser — la revelación suprema de Dios, el Verbo hecho carne — entonces no se trata de admiración. Se trata de una decisión que afecta absolutamente todo.
¿Quién es Jesús para ti? No la respuesta de la escuela dominical. Tu respuesta real, honesta, la que vives de lunes a viernes.
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La doctrina de Cristo como el Verbo — la Palabra viva de Dios, no solo un mensajero sino el mensaje mismo — transforma la forma en que entendemos la revelación:
→ Cristo el Verbo — La revelación suprema: Dios hecho persona.
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