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La mitad de tu Biblia que probablemente ignoras (y por qué importa)

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La mitad de tu Biblia que probablemente ignoras (y por qué importa)
«No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.» — Mateo 5:17

Pregunta rápida: ¿cuándo fue la última vez que leíste Levítico?

No que lo «pasaste» en un plan de lectura anual. Que lo leíste. Con atención. Con curiosidad. Intentando entender por qué está ahí.

Si tu respuesta es «nunca» o algo parecido a una risa incómoda, no te preocupes. Eres la mayoría.

La Biblia que no leemos

La Biblia cristiana tiene 66 libros. 39 de ellos — más de la mitad — son del Antiguo Testamento. Génesis, Éxodo, los Salmos, los Profetas, la historia de Israel, la ley, la poesía, la sabiduría.

Y la mayoría de los cristianos lo ignoran.

No por maldad. Simplemente no le encuentran relevancia. «Eso es historia judía.» «Eso es el Antiguo Pacto — ya no aplica.» «Lo importante está en el Nuevo Testamento.»

El resultado: leemos a Pablo sin entender a Moisés. Citamos el Nuevo Pacto sin saber qué era el Antiguo. Hablamos de que Cristo «cumplió la ley» sin tener idea de qué ley cumplió.

Es como leer el segundo tomo de una novela sin haber leído el primero. Puedes seguir la trama más o menos, pero te pierdes la mitad de las referencias, no entiendes las motivaciones de los personajes, y el final te sorprende por razones equivocadas.

¿Qué tiene que ver Israel conmigo?

Esta es la pregunta que muchos se hacen — generalmente sin decirla en voz alta: «¿Qué tiene que ver un pueblo del antiguo Medio Oriente con mi vida en el siglo XXI?»

La respuesta corta: todo.

Israel no es un capítulo cerrado de la historia. Es tu historia. La historia de un Dios que eligió un pueblo, le hizo promesas, caminó con él a través de siglos de fidelidad e infidelidad, y finalmente cumplió la promesa más grande a través de un judío llamado Jesús.

Cuando te declaras cristiano, te estás injertando en esa historia. No empezaste en Mateo 1. Empezaste en Génesis 1. La promesa que Dios le hizo a Abraham es la misma promesa que te sostiene a ti. El pacto que hizo con Israel apunta al pacto que te incluye.

Sin Israel, no entiendes la iglesia. Sin el Antiguo Testamento, no entiendes el Nuevo. Sin la ley, no entiendes la gracia. Sin el exilio, no entiendes la redención.

La Biblia como una sola historia

No son dos libros. No es «versión antigua» y «versión actualizada». Es una historia. Con un protagonista: Dios. Con un conflicto: la rebelión humana. Con una resolución: Cristo.

Pero la resolución no tiene sentido sin el conflicto. Y el conflicto se desarrolla en esos 39 libros que no leemos.

Cuando Jesús dijo «No vine a abrogar la ley, sino a cumplirla», estaba diciendo que todo lo anterior apuntaba a Él. Cada sacrificio, cada profecía, cada pacto, cada ley ceremonial — era una flecha señalando hacia la cruz.

Ignorar el Antiguo Testamento no es solo perder «contexto histórico». Es perder la mitad del evangelio.

La invitación

No te estoy pidiendo que leas Levítico esta semana (aunque no te haría daño). Te estoy invitando a reconsiderar tu relación con la mitad de tu Biblia.

¿Y si esas páginas que siempre saltaste fueran exactamente las que necesitas para entender las que sí lees?

Profundiza en la Wiki Doctrinal

La relación entre Israel y la Iglesia es una de las claves más importantes para entender la fe cristiana — y una de las más descuidadas:

Israel e Iglesia — Continuidad y cumplimiento: por qué Israel importa para la Iglesia.

¿Quieres descubrir el Antiguo Testamento?

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