«Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová.» — Jeremías 9:24
Imagina que alguien te pide que expliques tu fe. No un sermón. No una frase bonita. Solo esto: ¿qué crees y por qué lo crees?
¿Por dónde empezarías?
Si la pregunta te paraliza un poco, no estás solo. Un estudio de Ligonier Ministries y LifeWay Research reveló que dos de cada tres evangélicos sostienen posiciones doctrinales que se contradicen entre sí — sin siquiera darse cuenta. No porque sean ignorantes. Porque nadie les mostró cómo conectar las piezas.
Las piezas que todos tenemos
A lo largo de los años, fuiste acumulando verdades. En la escuela dominical aprendiste que Dios es amor. En un campamento juvenil alguien te explicó que Jesús murió por tus pecados. En un sermón escuchaste sobre la soberanía de Dios. En un estudio bíblico te hablaron del Espíritu Santo.
Cada pieza verdadera. Cada una valiosa.
Pero, ¿dónde va cada una? ¿Hay un orden? ¿Un diseño que las conecte?
Es como tener un rompecabezas de mil piezas sin la imagen de la tapa. Intentas armar secciones: aquí algo que parece cielo, allá algo que podría ser agua. Pero sin ver la imagen completa, ¿cómo sabes si vas bien? ¿Cómo distingues el cielo del mar si ambos son azules?
El problema que no vemos
Lo curioso es que la mayoría de nosotros ni siquiera sabemos que tenemos este problema. Creemos que nuestra fe «está clara» porque podemos repetir las frases correctas.
Pero repetir no es comprender. Y comprender no es conectar.
¿Puedes explicar cómo se relaciona la gracia con la santificación? ¿Sabes por qué la doctrina de la creación afecta tu visión del pecado? ¿Entiendes por qué la resurrección de Cristo no es solo un evento histórico sino el fundamento de tu esperanza diaria?
Si alguna de estas preguntas te genera incomodidad, es una buena señal. Significa que estás siendo honesto.
La caja sin tapa
Hay una historia que me marcó. Un grupo de creyentes serios, comprometidos, llevaban años estudiando la Biblia. Tenían un marco de 34 doctrinas. Parecía completo. Funcionaba — más o menos.
Hasta que alguien preguntó: «¿Cuál es la diferencia entre la doctrina de Santificación y la de Transformación del cristiano? ¿Y la de Vida espiritual? ¿No están hablando de lo mismo?»
Silencio.
Tenían cinco doctrinas diferentes sobre cómo crece un creyente. Cinco. Como si hubieran armado la misma sección del rompecabezas cinco veces con piezas ligeramente diferentes.
Y lo peor: cuando revisaron el marco completo buscando «El Reino de Dios» — el tema central del ministerio de Jesús, mencionado más de cien veces en los Evangelios — descubrieron que no estaba. Una nota al pie dentro de escatología. El corazón del mensaje de Cristo reducido a un detalle secundario.
La pregunta que importa
No te estoy contando esto para señalar errores ajenos. Te lo cuento porque esa es la experiencia de muchos de nosotros. Tenemos piezas verdaderas pero desconectadas. Repetimos verdades que no sabemos articular. Defendemos posiciones que no podemos fundamentar.
¿Y si existiera una forma de ver la imagen completa? No un sistema humano que pretende tener todas las respuestas, sino un mapa que te ayude a ubicar las piezas que ya tienes.
No te voy a dar la respuesta en este post. Porque la respuesta rápida es exactamente el problema que nos trajo hasta aquí — piezas sueltas sin conexión.
Pero sí te invito a hacerte la pregunta: ¿tengo la imagen completa o estoy armando secciones sueltas esperando que algún día encajen?
Profundiza en la Wiki Doctrinal
Este post es una invitación a la pregunta. La exploración profunda de cómo un grupo de creyentes buscó — y encontró — esa imagen la puedes leer aquí:
→ Un mapa para conocer a Dios — La historia completa del rompecabezas y la imagen que faltaba.
¿Te identificas con esta historia?
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